Quiero narrar historias con moralejas y sin ellas, así como expresar mis pensamientos sobre este mundo en que vivo a través de mis artículos de reflexión
CUENTOS POR CALLEJAS
Hay base en la realidad y/o en la ficción en todo cuanto opino y/o narro.
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sábado, 24 de mayo de 2014
DAMAS HISPANAS DE LA LITERATURA
Hoy he encontrado un interesante libro titulado "Escritoras hispanas", de la autora Violeta Cárdaba.
Hojeando el volumen yo esperaba encontrar referencias de autoras conocidas, pero me he llevado la sorpresa de ver que la escritora ha recopilado notas biográficas y bibliográficas de ¡setecientas sesenta y cuatro! españolas desde el siglo VII hasta el XX.
Ha debido de ser un arduo trabajo pero bien ha valido la pena. Me he quedado asombrado de ese número de escritoras nacidas en nuestro país, de las cuales no tenía noticia en su mayor parte, y supongo que tampoco en España.
Siempre he dicho que esta nuestra Piel de Toro es una caja de sorpresas. ¿Hay algún país en Europa que pueda mostrar esta pléyade de plumas literarias femeninas?
Lo único que echo de menos en el libro de V.C. es que no habla de autoras americanas. Sería un capítulo interesante.
lunes, 5 de mayo de 2014
RESCATE DESDE EL CONVENTO
Juan y su novia Juanita se devanaban los sesos pensando cómo sacar del convento de monjas al grupo de judíos que habían podido refugiarse allí.
A Juan le sorprendía que su novia preguntase siempre por los sefardíes cuando dieron con aquel puñado de judíos.
-- Dime, Juanita, ¿qué son esos "sefartitas" por los que te interesas y por qué?
-- No se dice "sefartitas" sino "sefardíes". Son los descendientes de los judíos que vivían en España y fueron expulsados en 1492-- respondió ella.
-- ¿Por qué los echaron?-- inquirió Juan.
-- Por fanatismo religioso-- contestó Juanita. Eso que tanto daño ha hecho a través de los siglos. Aquellos judíos llevaban muchas centurias viviendo en la Península Ibérica y se consideraban a sí mismos tan españoles como los demás. Fíjate cómo será que aún hablan la lengua castellana y ¡fíjate! algunos conservan las viejas llaves de sus casas cuando fueron expulsados.
-- ¡Caramba, chica! ¡Pues sí que sabes tú! Eres una "ciclopetra".
-- "Enciclopedia", Juan. Y ahora tenemos que pensar qué hacer para poner a salvo a esa pobre gente.
-- Pues yo digo, Juanita, que ya que están en un convento podrían salir vestidas de monjas.
-- Es buena idea para las mujeres, pero ¿qué hacemos con los hombres y los niños? preguntó Juanita.
-- Ya puestos a eso se me ocurre que los hombres pasasen por curas y los niños por escolares. A los controles de carretera se les diría que van de excursión por cosas de cultura y de religión.
-- No te falta imaginación-- añadió ella. Las monjas, seguramente, tengan hábitos de repuesto y las sotanas para los curas son fáciles de confeccionar. Hablaré hoy mismo con la Superiora.
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El autobús era de mediano tamaño, pero suficiente para las 21 personas que tenía que transportar. Juan sería el conductor y Juanita haría de guía.
Aquella mañana salieron temprano. Mujeres vestidas de monjas, unos cuantos hombres con sotana y los niños con vestimenta escolar.
Al llegar a la carretera principal un grupo de soldados de las SS les dieron el alto. Un oficial de aspecto elegante subió al autobús.
-- ¿A dónde se dirigen ustedes? Documentación.
-- Nos dirigimos a Avignon, sede de los antiguos Papas franceses-- respondió Juanita mientras le tendía un pase hábilmente falsificado.
El oficial le echó un rápido vistazo, así como al de Juan, y no pidió el de los supuestos religiosos.
Se dirigió a Juanita con una sonrisa:
-- Me gustaría verte cuando vuelvas, muchacha. Tal vez podamos cenar juntos algún día.
-- Por supuesto-- respondió Juanita sonriendo.
El de las SS se apeó y, con un suspiro de alivio, Juan arrancó el autobús.
Aquel viaje tuvo un final feliz en la frontera española.
lunes, 21 de abril de 2014
JUANITA
Ya les conté en anterior ocasión la acción de Juan Ruiz para poner a salvo a una familia judía en la Francia ocupada.
Como dijimos, nuestro protagonista tenía una novia, también miembro de la Resistencia, llamada Juanita.
Era una muchacha de rasgos hermosos y poseía conocimientos. A pesar de su origen humilde había estudiado la carrera de Magisterio, y había ejercido durante un breve tiempo, hasta que el Ejército nacional entró en el pueblo donde residía. Sabida es la hostilidad del régimen sublevado contra los maestros de escuela, a los que acusaba de divulgar entre los niños las "erróneas" ideas de la República.
Juanita pudo atravesar la frontera francesa y encontrar refugio. Allí conoció a Juan y éste quedó prendado pronto de ella. Él era un joven inteligente, pero falto de cultura, y admiraba y aceptaba los consejos de ella, quien, además, hablaba francés perfectamente, por lo cual pasaba por ciudadana del país.
Esto le permitía moverse con soltura tanto en zonas urbanas como rurales, y así conectar con sus compañeros de la Resistencia y proporcionarles información.
Tuvo noticias de una redada que se preparaba por la Gestapo para capturar a un grupo de judíos en la pequeña sinagoga de la ciudad. No muy lejos había un convento de monjas, con cuya madre superiora mantenía amistad nuestra Juanita.
Esto le dio pie para pedir a la religiosa que ocultase durante un tiempo a los judíos que pudiese, hasta que fuera posible ponerlos a salvo fuera de Francia.
Así se hizo, y los buitres de la Gestapo con sus colaboradores franceses encontraron que sus presas habían volado.
Lo que sucedió después y cómo pudieron Juanita y su novio terminar la liberación de aquella gente lo veremos en un próximo relato.
sábado, 19 de octubre de 2013
COMO UN SCHINDLER A LA ESPAÑOLA EN FRANCIA
Jean Pierre Cerdeau era en aquel año de 1942, como muchos de sus compatriotas, un entusiasta colaborador de los nazis alemanes que habían ocupado su país. Se les llamaba colaboracionistas por los escasos franceses que se consideraban enemigos de aquel régimen inhumano aceptado por tanta gente.
En la pequeña ciudad del Midi-Pyrénées donde residía nuestro hombre como modesto funcionario del Ayuntamiento se había establecido una oficina de la Gestapo con la intención de "limpiar" de judíos aquella zona.
Jean Pierre se apresuró a conectar con el jefe nazi comandante Erich Hamstel. No dudó en ofrecerle sus servicios con la pretensión de alcanzar cierta relevancia ante sus nuevos amos.
El comandante le prometió una recompensa si lograba ponerle en sus manos los judíos que él conocía en su localidad.
No muy lejosde su domicilio sabía de una familia judía de origen sefardí, cuyo cabeza de familia se llamaba David Peres. Vivían en las afueras regentando un negocio de suministros agrícolas y no frecuentaban apenas la ciudad. "Serán una presa fácil", pensó Jean Pierre.
Se dirigió en su bicicleta a la casa de los sefardíes, pensando que a lo mejor un día le concederían un coche oficial.
Había pensado comprobar el número de miembros para dar una información más completa al comandante Hamstel.
Con la excusa de preguntar el precio de algunos artículos habló con David y supo de cuántas personas vivían allí. Cuando salió se dio de bruces con un extraño individuo que hablaba con acento español. Intercambiaron algunas palabras de disculpa por el encontronazo y el hombre le dijo ingenuamente:
-- Me llamo Juan Ruiz y vengo para saber cómo les va a los Peres. Tal como están las cosas no estoy tranquilo por su seguridad.
-- Sí, la Gestapo no tardará en saber dónde viven -- dijo Jean Pierre con una media sonrisa.
Juan se quedó pensativo y decidió que había actuar con rapidez. Afortunadamente, nadie sabía que él era un miembro de la Resistencia que, como en toda Francia, la componía en su mayor parte por exiliados españoles que iniciaron y mantenían la oposición armada contra los alemanes.
Después de hablar con el matrimonio Peres y sus dos hijos desapareció hacia un bosque cercano.
Jean Pierre se fue a hablar con el comandante de la Gestapo, ufano por darle una información importante.
Al día siguiente por la mañana se dirigió con un pelotón de soldados hacia la casa de los Peres. Allí la encontró vacía. Era evidente que habían huido.
Esto enfureció al comandante, quien ordenó que quemasen la vivienda y se dirigió hacia el bosque con la idea de dar con el grupo de resistentes del que formaba parte Juan Ruiz.
Una lluvia de balas dio la bienvenida a los tipos de la Gestapo. Viendo la perspectiva, Erich decidió retirarse y desde su cuartel organizar una batida por el bosque y los campos vecinos.
Pero la rápida actuación de Juan Ruiz puso a salvo a la familia Peres, la cual, a través de una intrincada red de comunicaciones, fue puesta a salvo en la frontera española. Desde allí viajaron hasta Argentina, donde otros exiliados judíos habían hallado acogida.
La actuación de Juan Ruiz con sus compañeros no fue la única.
En otra ocasión les hablaré de otras hazañas y de la valiente novia de Ruiz, Juanita, cuyas acciones ocasionaron la furia de la Gestapo y de los colaboracionistas franceses.
sábado, 21 de septiembre de 2013
¿HISPANOAMÉRICA O LATINOAMÉRICA?
Durante mucho tiempo en España se utilizaba el término Hispanoamérica para referirnos a los países que fueron territorios del Reino español.
Comprendo que si hace mucho que dejaron de pertenecer a la Corona, tal apelativo no debe utilizarse. No decimos Angloamérica para hablar de USA o Canadá, por consiguiente lo de Hispanoamérica no tiene sentido.
En mi opinión, lo correcto sería Suramérica y no Latinoamérica, porque los latinos son los naturales del Lacio, región de la Roma antigua, y, que yo sepa, no fue desde allí desde donde se hizo el descubrimiento y la exploración de las tierras americanas.
Otra denominación sería América Meridional, y los matices de América Central y América Insular.
Quiero recalcar que la positiva influencia de los países sudamericanos sobre nuestra lengua castellana y nuestra literatura dio lugar a la aseveración de un escritor español, quien dijo:
"No sé si los países del otro lado del Atlántico son hispanoamericanos, pero España sí es hispanoamericana."
miércoles, 18 de septiembre de 2013
INTELIGENCIA Y BONDAD
Siempre me ha fascinado la inteligencia. Conocer las conquistas del cerebro humano es apasionante.
Supongo que hay estadísticas que digan el porcentaje de inteligentes entre la población. Otra faceta es la genialidad. Esto sí que es difícil de contabilizar. ¿Uno por cada millón de habitantes? ¿Cada diez millones? La respuesta puede ser más difícil, más aleatoria. Pero ahí están los hombres y mujeres geniales que han brillado en la historia de la Humanidad.
Lo contrario de todo esto es la estupidez. ¡Cielos! ¡Qué cantidad encontramos! En estos tiempos lo vemos especialmente entre los políticos, pero hay que echarse a temblar si a la idiotez se le añade la maldad, con lo que ya tenemos un cóctel infernal.
Parece ser que en ocasiones la estupidez es temporal, como en el caso de los enamorados, que mencionaba Ortega y Gasset. En cualquier caso, me remito a la divertida obra que escribió Jonathan Swift titulada "Hospital para imbéciles", mediante la cual se proponía una terapia para los de su época, y creo que también serviría para la nuestra.
Que conste que yo podría incluirme en tan benemérita institución por las necedades que haya cometido.
Bueno, ¿y qué tiene que ver con el título de este escrito? Es decir, con la bondad. Pues que la inteligencia, el talento y la genialidad son naturales, es decir, que inevitablemente surgen según un porcentaje que la naturaleza determina.
La bondad no es natural. En el reino animal, al que pertenecemos, la supervivencia es para los más listos y los más fuertes. Es un mundo cruel e implacable. La bondad no existe en este hábitat.
Entonces, ¿cómo es posible que veamos personas que con su buen quehacer transforman su entorno e influyen en el mundo?
Hay que matizar que si la bondad no es natural, tampoco es antinatural. Este último es autodestructivo; el otro es creativo y no combate a la naturaleza, sino que la supera.
Lo compararía con esas aves que vuelan tan alto y recorren miles de kilómetros, en contraste con los animales que caminan o reptan sobre la tierra.
sábado, 24 de agosto de 2013
RECUERDOS DE JUVENTUD
En la época de mi infancia, la formación religiosa que recibíamos (obligatoria) era severa. En realidad, a muchos nos amargó la vida. Éramos muy, muy pecadores y candidatos al fuego eterno, se nos decía.
Sobre todo, proclives a caer en las tentaciones de la carne. El sexto mandamiento nos observaba con ceño fruncido, porque no obedecerlo era el peor de los pecados, origen de un sinfín de otras maldades.
Con esta mentalidad entré en mi juventud dándome los inevitables tropezones que el diablo ponía en mi camino, y juzgando con ingenuidad el comportamiento de los demás.
Conocía a mucha gente. Amigos y amigas me mostraban la juventud de aquella época.
Mari Carmen fue una de ellas. De profesión científica, recalcaba su ateísmo. Era un ateísmo entusiasta, por así decirlo, pues había pedido y obtenido un certificado de apostasía de la Iglesia Católica.
Yo no pensaba que eso fuese necesario. Se cree o no se cree, pero un documento que diga lo descreído que eres me parece demasiado. Pero, bueno, cada cual que haga lo que quiera, siempre que no fastidie a los demás.
Volviendo al tema que nos ocupa, vi que Mari Carmen era absolutamente liberal en materia sexual. Decía que la sexualidad era un regalo de la naturaleza, y que teníamos derecho a disfrutarlo sin restricciones.
Me llamó la atención lo de esta chica, pero no fue un caso único.
Permítanme hablarles ahora de Clavel. No era su nombre, desde luego, mas así no se crean indicios.
Aquella mujer de figura elegante y rostro que hubiese encantado a un pintor renacentista era de trato amistoso y cordial.
Me fue contando su vida desde la adolescencia, y me dijo que con 18 años sufrió una enfermedad de transmisión sexual; y me lo narró con tal lujo de detalles que, por escabrosos, prefiero no mencionarlos aquí.
Siguió su largo historial amoroso con cantidad considerable de amantes, entre los que se encontraba algún hombre casado, y a punto estuvo de hacer sucumbir al párroco de su barrio.
No me lo decía como una lista de aventuras que hiciese que se sintiera orgullosa. Al contrario, se sentía desgraciada por no encontrar el amor definitivo. Pero para ella no había amor sin sexo. Por cierto, tenía la costumbre de contar a sus posibles pretendientes todos los pormenores de sus anteriores relaciones, con lo cual ponía en fuga a todo aquel que se interesase por ella. Después, claro está, de las consabidas relaciones sexuales.
Sin embargo, descubrí algo que me dejó pasmado: era profundamente religiosa. Se podría objetar que era hipócrita, pero no lo era, según lo que pude comprobar.
Hablaba de temas religiosos con total desenvoltura, y ella me decía que la religión católica permitía el placer, cosa que otras creencias no consentirían (?).
Todas las noches leía algún capítulo de la Biblia y me recomendaba que, para sentirse bien, no había nada mejor que ir a misa y comulgar.
Así era su mentalidad e incapaz de distinguir entre lo que era correcto o no. Por eso juzgué que era inocente.
Lástima que yo no contribuyese a su felicidad. Me limité a observarla con curiosidad, como un biólogo lo hace con un ser vivo de suma rareza.
Han pasado varios años y no he vuelto a saber de ella. ¿Habrá encontrado el afecto que necesitaba?
Deseo de corazón que así haya sido.
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