Quiero narrar historias con moralejas y sin ellas, así como expresar mis pensamientos sobre este mundo en que vivo a través de mis artículos de reflexión
CUENTOS POR CALLEJAS
Hay base en la realidad y/o en la ficción en todo cuanto opino y/o narro.
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jueves, 29 de septiembre de 2011
EL OPIO DEL PUEBLO
Eso decía Lenin refiriéndose a la religión. Hoy día en mi querida España el fervor religioso ha descendido, sobre todo en la juventud, lo cual no quiere decir que desaparezca, sino que su disminución está compensada por otra religiosidad, de características paganas. Me refiero al fútbol.
Que yo compare el fútbol con una "religión" no me parece descaminado. Observen esas muchedumbres que devotamente se dirigen a los estadios (sus templos) y cómo ponen sus esperanzas en sus dioses (los jugadores), los cuales, con un ritual repetido siempre, provocan la alegría de miles de corazones; o bien son castigados con la derrota como una lacerante penitencia.
Tienen los clubes un clero, y hay una poderosa jerarquía de ámbito universal. ¡Hasta tienen sus propios mártires! Sí, esas peleas dentro y fuera de los campos, a veces con resultado de muerte (recordemos los doscientos fallecidos y numerosos heridos causados por los hinchas ingleses en el estadio de Heysel en 1985). No se suspendió el partido aquella tarde nefasta. Los dioses fueron, así, honrados.
En 2011 España fue coronada con los laureles de la gloria. Había ganado el Campeonato Mundial. La crisis económica que azotaba al país pareció esfumarse. La alegría inundaba las calles; la muchedumbre gritaba enardecida; las banderas de la patria adornaban ventanas y balcones; y mucha gente con bolsillos y estómagos semivacíos encontraron consuelo en esos momentos de orgullo nacional. ¡Qué alivio para nuestros políticos!
-- Oiga, ¿no sería bueno que se reeducase a la gente en otros valores?
-- ¡No, no, no! Si les quitas el fútbol, sería la hecatombe. Desde hace mucho tiempo se sabe de la influencia del balompié en el magma social.
Me acuerdo de la frase del Ministro Solís durante la Dictadura de Franco: "¡Más fútbol y menos latines!"
Sabía muy bien lo que decía. Muchos alborotos políticos se evitaron por causa del fútbol. Las masas eran y son amansadas por esta nueva religión.
No precipitemos las cosas. Estoy seguro de que volverán a a relucir los viejos valores, porque la humanidad siempre ha resucitado de sus momentos de decadencia.
Y ahora, permítanme que termine mi artículo. Unos amigos me esperan para jugar un partido de fútbol en el polideportivo que el Ayuntamiento tiene en mi barrio.
Saludos.
lunes, 29 de agosto de 2011
UN PASTOR ALEMÁN
Doña Guadalupe, viuda de Reboño, quería para su finca rústica un perro de buena raza, y determinó que un pastor alemán cumpliría con los requsitos necesarios.
En un periódico de tirada nacional vio un anuncio donde se ofrecían pastores alemanes, entrenados y originarios de la misma Alemania. Se pedía una cantidad de dinero a cuenta, pero se ofrecían garantías de envío y calidad, avaladas por una entidad bancaria. Doña Lupe pensó que lo pedido en el anuncio era un poco caro, pero que la categoría de su finca merecía tal estipendio.
Hecho el pago por transferencia bancaria y firmado el documento de petición, esperó durante unos dias noticias del envío.
Ya empezaba a impacientarse cuando sonó el timbre de la puerta y la criada le anunció la visita de un extraño que parecía extranjero.
Doña Lupe le recibió en la sala. Era un hombre alto de cabello rubio y corto, ojos pequeños y azules, asi como tez colorada. Vestía una rara indumentaria, calzaba botas de media caña. Se inclinó ante ella y dijo:
-- Guten tag, meine Frau. Ich bin der deutsch Schäfer.
-- ¿Qué? No entiendo nada.
--Pardon, madam. Español bien no hablo, pero su idioma yo entiendo. Soy el pastor usted ha pedido.
-- ¡Pero yo pedí un perro pastor alemán! ¡Lo leí en un anuncio!
-- Pardon, madam. Anuncio no decía "perro", sino pastor.
-- ¡Esto es un lío y la culpa no es mía!
-- No sé si culpa de quién. Mis papeles en regla. Título profesional de Escuela de Pastor y Cuidador de Animales.
Doña Guadalupe supuso razonablemente que la anulación del contrato le traería perjuicios económicos. Por tanto, decidió que Fritz- así se llamaba el hombre- trabajase una temporada en su hacienda, aunque fuese de prueba.
Pues la prueba funcionó. Fritz cuidó ovejas, vacas y hasta los dos caballos de la señora. Además, se ocupó del césped del jardín y del pequeño huerto de frutales.
Doña Lupe estaba encantada, pese a que el sueldo de Fritz era considerable. La ventaja estribaba en que desempeñaba el trabajo de dos personas, o tres, y no era hombre de vicios. Solamente tenía inclinación por ingentes cantidades de cerveza. Eso sí, nunca ella lo vio borracho.
Fritz amplió su campo laboral efectuando reparaciones en la casa de la dueña.
Las frecuentes visitas al caserón tuvieron una consecuencia. La viuda de Reboño lo ascendió a la categoría de amante. Así, dispuso sus noches en brazos del robusto pastor, quien no era torpe en las artes amatorias.
Ella puso una condición. Nadie debía conocer que compartían cama. Fritz seguía siendo sólo su empleado. Nada de introducirlo en su vida social; sus distinguidas amistades no debían tener conocimiento de la relación.
Eso, al menos, creía doña Guadalupe. Mas un día una de sus amigas la telefoneó, y le preguntó: "Lupe, dime, por favor, ¿dónde he de llamar para conseguir un pastor como el tuyo?"
domingo, 31 de julio de 2011
JUSTICIA MEXICANA
Cuando aquella extraña Monarquía encarnada en el Emperador Maximiliano se instaló en México, numerosos personajes extranjeros acompañaron al Monarca, algunos con la intención de medrar en aquel gran país.
Uno de ellos, Monsieur Pierre Dupont no albergaba ideas románticas acerca de un sistema que no era querido por la mayoría del pueblo mexicano. Su anhelo era obtener riqueza, sin importar cómo. Apoyado por la autoridad imperial, consiguió el arrendamiento de una gran extensión de tierra en un lugar no muy lejos de la capital.
Aquel trato era singular. Los arrendadores, que eran numerosos, se ofrecieron para trabajar aquella hacienda como empleados de Monsieur Dupont. Las difíciles circunstancias que atravesaba la Nación empujaron a aquellos hombres a realizar de esa manera el contrato, pues el precio del arriendo era bajo; conseguido más por veladas amenazas que por un sentido de la equidad. Hay que aclarar que esos campesinos constituían una comunidad que había recibido aquellas tierras de cultivo del Rey de España, en el siglo XVIII.
El primer año fue abundante en lluvias, y la cosecha de cereales prometía ser buena. Pero los agricultores de Mr. Dupont estaban descontentos con los salarios tan poco elevados que estaban recibiendo. Pensaban, con razón, que si la cosecha iba a ser espléndida, arrendamiento y sueldos resultaban casi míseros.
Intentaron elevar a Dupont sus peticiones, mas no fueron recibidos por el arrendatario. Exasperados, decidieron recurrir al Padre Francisco, Panchito para los lugareños, que era el cura del pueblo, con el objeto de que intercediese por ellos.
El P. Panchito se presentó en la mansión de Monsieur Dupont. Era aquel clérigo un hombre menudo de tez morena y mirada intensa. Tras los saludos protocolarios, el párroco expuso las quejas de sus feligreses.
-- Déjese de monsergas, padre-- le espetó agriamente Dupont.-- Yo sé cómo tengo que tratar a mis monos. Ya tengo experiencia.
-- ¡No llame "monos" a mis parroquianos!
-- Sus parroquianos son indios ¿verdad? Así llamo a indios y a negros; y no creo que eso esté mal.
-- Esos hombres son ciudadanos mexicanos, y merecen respeto. Mire, también yo soy indio, y me siento orgulloso de ello. Pero más orgulloso me siento por entregar mi vida a Dios, y servir a los hombres.
-- Bueno, no se ofenda. A usted no le llamaré "mono". Pero sepa que tengo una experiencia heredada de mis antepasados, cuando vivían en Haití. De ellos aprendí a tratar a los negros.
-- ¡Estos campesinos no son negros!-- gritó el Padre Panchito.-- Y si lo fueran, asimismo defendería yo sus derechos. Pero parece irónico que usted me diga que sabía cómo tratar a los negros. ¿Acaso no se sublevaron contra sus compatriotas por el trato inhumano que recibían? ¡Ha sido el de Haití el más vergonzoso de los episodios de la colonización, y usted me viene diciendo cómo portarse con ellos!
Monsieur Dupont dio por terminada la discusión. El P. Panchito volvió entristecido a su pueblo. Allí reunió en la iglesia a los habitantes, y les explicó la entrevista con el arrogante personaje.
Algunos campesinos propusieron eliminar al francés cuando éste llegase a la localidad.
-- No voy a consentir un asesinato -- arguyó el sacerdote.-- Mejor será que lo pongamos en manos de Dios. Pidamos justicia al Altísimo.
Una fuerte discusión se originó entre los concurrentes, y al final no se decidió nada en concreto.
Pocos días después Monsieur Dupont montó en su caballo y partió para el pueblo. Algunos campesinos que lo sabían resolvieron apostarse en el camino para interceptar su paso.
Mas aquel día se desencadenó una terrible tormenta, con viento huracanado, que no era propia de la estación. Pierre Dupont se vio inmerso en la turbulencia del vendaval, y desapareció de la senda. Nadie se percató de lo sucedido. Pero el cuerpo fue descubierto colgado de la rama de un árbol. Su caballo pastaba plácidamente a poca distancia; no parecía haber sufrido daño alguno.
Pero ¿qué pasó con la cosecha y el contrato de arrendamiento?
El Juez que intervino en el caso determinó que, puesto que Dupont no había pagado a los arrendadores, éstos se quedarían con los beneficios de la cosecha. El señor galo no tenía ni herederos ni familiares.
Ninguna persona acudió a su entierro, pero el Padre Panchito rezaría por su alma.
domingo, 24 de julio de 2011
FREDI EN EUSKADI
Fredi arribó al País Vasco. Ahora pensaba que encontraría el campo adecuado para realizar las fechorías que complacerían a su amada Luci, la preciosa diablesa a la que tenía que servir para lograr su total amor.
Nada más llegar a Bilbao se dirigió al casco antiguo, donde quizás contactase con elementos afines a ETA. Sabía que debía ser discreto, pues nadie le iba a facilitar por las buenas los contactos que deseaba.
Recorrió varias tabernas y entabló conversación con algunos clientes. No pudo llegar a diálogos que sobrepasasen los temas del fútbol, pero sí estuvo a punto de coger una borrachera por la cantidad de copas de chacolí que ingirió. Se sentía algo frustrado, pero al doblar la esquina de una callejuela vio pegada en la pared una esquela con el horario de una misa de funeral, que se celebraría en la iglesia de un pueblo cercano.
Al leer el nombre del difunto, aquél le resultó familiar, pues lo había leído en la prensa cuando ésta hacía referencia a la muerte de un etarra en un enfrentamiento con la policía.
Fredi decidió que ésa sería su oportunidad. Allí conocería a gente que, con seguridad, pertenecería o sabría de tipos de la organización armada.
Al día siguiente se personó en la parroquia que figuraba en la esquela, y asistió a la misa. Se quedó boquiabierto cuando oyó del cura oficiante que "el fallecido era comparable a Jesucristo por haber entregado su vida por sus hermanos". ¡Un homicida asemejado con Jesucristo! No esperaba semejante aseveración de boca de un sacerdote, así que pensó que había dado con el lugar idóneo para el inicio de sus proyectos diabólicos.
Acabada la misa, pidió al cura hablar con él. Y, como supuso, fue acogido favorablemente por el clérigo, tras una larga conversación. Al cura Don Ignacio le extrañó que un maketo se interesara por la causa de ETA, pero Fredi le explicó que era descendiente de vascos y que comprendía el ideal etarra.
El Padre Ignacio le dijo que lo pondría a prueba para que demostrase su capacidad. Aunque le preguntó que si sabía manejar armas de fuego, le advirtió que no sería aún "soldado", que habría de conocer poco a poco a personas del ambiente adecuado.
Como primer paso, el Padre Ignacio lo colocó de camarero en un restaurante donde integrantes etarras y partidarios celebraban actos y reuniones.
"Debes observar a todo el mundo y averiguar quiénes son periodistas. Los camareros son los que mejor llegan a conocer a la gente". Esto le dijo el Padre Ignacio.
No podían sospechar el desastre que se les avecinaba cuando un día se celebró en aquel establecimiento un acto donde se congregarían importantes personalidades del Gobierno vasco, y, naturalmente, simpatizantes de ETA. También algunos clérigos "directores espirituales" del movimiento etarra, entre ellos el cardenal vasco-francés Roger Etchegaray.
En un pequeño patio del restaurante se ofreció un aurresku, ese baile en el que el danzante levanta una pierna hasta la altura de la barbilla. Por aquel espacio abarrotado de gente decidió Fredi pasar a otro salón, con una gran sopera llena de espaguetis, para dejarla sobre una mesa.
Podría haber efectuado un rodeo, mas pensó en el camino más corto, el cual era aquel patio donde se ejecutaba la danza. El sitio entre el "dantzari" y el público le permitiría pasar con el enorme recipiente.
Fredi se detuvo, observó el baile y resolvió pasar rápidamente , entre la corta distancia existente entre el bailante y la gente que observaba el espectáculo. Lo que no calculó fue el momento en que aquel hombre levantaría su pierna. Pues bien, quiso la mala suerte que nuestro protagonista pasase justamente cuando el ejecutante de aurreku elevó, súbitamente, el pie noventa grados, propinando una fortísima patada a la sopera que Fredi llevaba en las manos; sopera que saltó con estrépito, derramando el contenido sobre las cabezas de quienes estaban en la primera fila. De ese modo, viéronse adornados con unas extrañas pelucas blancas y sonrosadas.
Lo peor es que allí se hallaba un puñado de reporteros gráficos, que dispararon sus flashes aprovechando aquella inusitada ocasión que se les brindaba. ¡Qué fotos para las portadas de sus revistas y las primeras páginas de sus periódicos!
¿Qué consecuencias tuvo aquello para Fredi? Corramos un tupido velo y hablemos de ello en la próxima entrega.
domingo, 15 de mayo de 2011
FREDI Y EL "TERRORISMO"
De nuevo Fredi estaba decidido a proseguir sus andanzas en pos de alcanzar el amor de Luci, aquella extraña muchacha que exigía de él un acto heroico y malvado para ofrecerlo al Príncipe de las Tinieblas.
Por aquel entonces se había iniciado un intento de democratizar a España, y el terrorismo etarra hacía de las suyas aprovechando la confusión de ciertos sectores del país que deseaban mantener el anterior sistema, y que no querían permitir que nuevos aires políticos deshiciesen lo que se había dejado "atado y bien atado".
Surgieron de la clandestinidad partidos como el Socialista y el Comunista, para desazón de algunos que pensaban en el regreso a la catástrofe de 1936.
Un grupo del País Vasco, simpatizante de ETA, consiguió en el Parlamento nacional, creado tras las primeras elecciones libres, ganar algunos escaños en el Congreso de los Diputados, lo que dio lugar a que el ex Ministro Fraga Iribarne dijese "Tenemos terroristas con representación parlamentaria".
Mi amigo Fredi no es que fuese tonto, pero era ingenuo; más de lo debido en vista de sus acciones absurdas para complacer a la amada Luci.
Pues bien, un día en que por motivos de su trabajo comercial pasó por una calle céntrica de una ciudad andaluza, vio en la puerta de un edificio de oficinas una pequeña placa donde aparecían las siglas "E.T.A." "Esto debe de ser una delegación por eso de las libertades actuales", se dijo Fredi. Ilusionado por la perspectiva de poder colaborar con los terroristas y así complacer a su adorada diablesa se dirigio al piso que se señalaba junto a la placa.
Allí fue presentado al jefe, un hombre cordial y animoso que le agradeció su visita y su deseo de trabajar con ellos. Para asombro suyo, fue admitido inmediatamente y se le ordenó un primer trabajo. Debía visitar a un número de agricultores industriales rurales de la provincia para formar un fichero con todos los datos posibles.
Así lo hizo Fredi, y en pocos días se presentó ufano ante el director, con la información requerida.
-- Le felicito. Ha hecho más indagaciones y más completas de lo que podía esperarse-- le dijo el jefe--. No obstante, veo que toma nota de cosas que no eran necesarias.
-- ¿Por ejemplo?-- preguntó Fredi.
-- Aquí dice número de miembros familiares, horas de entradas y salidas, aficiones, etc. No era necesaria tanta precisión.
-- Para que no tengan escapatoria-- apostilló Fredi.
-- ¡Hombre! ¡No es para tanto!-- replicó el jefe sonriendo.-- No es indispensable perseguirlos. Basta con mantenerse atentos a sus necesidades.
Al día siguiente el director le dijo a Fredi:
-- Le felicito. He recibido varias llamadas de empresarios agrícolas solicitando diversos tipos de bombas. Les ha caído bien, por lo que me han dicho.
-- ¿Piden bombas?-- inquirió Fredi-- ¿También ellos son colaboradores de la causa?
-- El hecho de pedirnos material los hace colaboradores nuestros. Por cierto, sería conveniente que mañana acompañara en la camioneta a nuestro equipo de montaje para probar un par de bombas.
-- ¿Probarlas?- preguntó Fredi.
-- Claro, hombre. La cosa no es tan complicada. Disponemos de mucha agua para hacer la demostración.
-- ¿Y la Guardia Civil?
-- La Guardia Civil no tiene por qué inmiscuirse. Tenemos nuestros papeles en regla.
-- Tal vez el ruido los alerte-- comentó Fredi.
-- ¿Qué ruido van a hacer? No más que el motor de un tractor.
-- Curioso. No sabía que actualmente se hiciesen bombas insonoras.
-- Pero ¿en qué mundo vive? Los motores de explosión son cada vez menos ruidosos.
-- Ignoraba que se usasen motores para explosionar una bomba....
-- ¿Explosionar? Nuestras bombas no necesitan eso. Funcionan con ruido discreto y, sobre todo, obtienen mucha agua.
De pronto, Fredi se dio cuenta de lo que se hablaba.
-- Perdone, jefe. Pero ¿qué hay entonces de nuestras acciones de guerra? ¿Qué derroteros ha tomado la ETA?
-- Pues las de siempre. Estudios y Tratamientos Agrícolas (E.T.A.) (1) está al servicio del progreso agrícola e industrial. Parece usted más despistado que un pulpo en un garaje.
Fredi deambuló aquella noche por las calles de la ciudad, y la policía le pidió la documentación, instándole a retitrarse a su domicilio. Al día siguiente emprendió rumbo al País Vasco.
(1) (La empresa E.T.A. existió realmente)
domingo, 1 de mayo de 2011
LA VELOCIDAD Y EL TOCINO
Se suele decir, para indicar la imposible relación de una supuesta causa y efecto, que algo es como confundir "la velocidad con el tocino". Pues bien, pude comprobar que sí puede haber una estrecha conexión entre una cosa y otra en la mencionada y algo jocosa expresión popular.
Yo, sí, la descubrí , e ignoro si mi descubrimiento llegará alguna vez a figurar en los anales científicos de la posteridad. Hay que preguntarse qué descubrimiento hubiera logrado Newton si no le hubiese caído una manzana en la cabeza. Mi investigación tuvo un rigor científico, como demostraré.
Una mañana primaveral, en una tranquila calle de la periferia londinense, un caballero británico caminaba con paso presuroso en dirección a la parada del autobús que le llevaría a su oficina en la City. Inoportunamente para él, un trozo de corteza de tocino fue pisada por el caballero, y su pie izquierdo describió elegantemente un arco de cuarenta y cinco grados, lo cual provocó una caída sobre sus glúteos, de tal modo que una segunda corteza de tocino, a poca distancia de la primera, recibió las posaderas del hombre. La velocidad del transeúnte no era inicialmente superior a ocho km/h, pero tras el impacto con la otra corteza alcanzó la impresionante velocidad de 42,300 km/h. Eso ocurrió durante unos 4 metros y el cálculo lo hice cuidadosamente, como puedo demostrar, mediante el vídeo que coloqué a poca distancia. Curiosamente, la breve carrera de Mister Smith terminó precisamente en la parada del autobús, cuando éste justamente llegaba.
-- No era necesario que se apresurase tanto, señor. Yo me hubiera esperado unos segundos más-- dijo el conductor amablemente.
Bueno, pues con los escrupulosos cálculos obtenidos por mí he roto con el mito de que nada tiene que ver la velocidad con el tocino.
-- Pse, pse, oiga. ¿no sería usted el que colocó las cortezas para provocar el incidente? ¿No iba preparado con el vídeo para eso?
-- He de responderle que su observación es impertinente. ¿Acaso la ciencia no exige algunos sacrificios?
-- Es usted un hijo de p...
-- Bueno...
lunes, 4 de abril de 2011
FREDI Y LUCI
En un relato anterior vimos los esfuerzos del protagonista para ofrecer a su amada Luci Fernández algún acto malvado que complaciese al Diablo y así lograr el amor de su preciosa diablesa.
Fredy ya no quiere seguir escribiendo sobre sus avatares con su amada, pero me ha autorizado a que lo haga yo, pues me considera su amigo más íntimo y de plena confianza. Así que me limitaré a describir lo que él me contó.
Mi amigo se quedó aturdido y desmoralizado tras sus dos intentos de lograr alguna perversa acción. Sus entrevistas con Luci-Fer Nández se limitaban a tomar café en un bar céntrico de la ciudad. Pero Luci se mostraba renuente a entregar su amor. Quería resultados, pruebas de la sumisión de Fredy.
-- Resultados, Fredy. El Amo está disgustado y considera que estoy mostrando ineptitud. Esto no puede continuar así.
-- Pero Luci, yo te amo. Después de todo ¿qué importa lo demás?
-- Lo que tú llamas "lo demás" constituye mi ideal supremo. No olvides que para conseguir mi amor te puse mis condiciones.
-- Difíciles condiciones, Luci. Lo he pasado mal y no he tenido ni una palabra de consuelo. Ni siquiera me has dado un beso desde que te conozco.
-- ¡Ja, ja! ¿Eso es tan importante para ti? Pues te lo daré ahora.
Y acercando su rostro a él le ofreció sus labios carnosos. Fredy miró fascinado aquel delicioso obsequio y besó apasionadamente la boca de Luci.
Todo desapareció de pronto. Fredy se vio cayendo en un abismo rojo y profundo, cogido de la mano de Luci. Aquel extraordinario vuelo era a la vez fascinante e inquietante. Algo extraño envolvió a Fredy. No quería estar allí, pero la compañía de Luci le embargaba de felicidad. Al mismo tiempo, presentía un terrorífico final del que no podría escapar.
Aquella larga caída tenía un fin. Bajo sus pies, una enorme llanura empedrada de un rojo intenso y ardiente, que parecían enormes rubíes que amenazaban con quemarlos a los dos. Luci sonrió y abrazándose a él subieron a velocidad vertiginosa.
Repentinamente, se vio en la cafetería frente a Luci.
-- ¿Qué ha pasado, Luci? ¿Cuánto tiempo hemos estado fuera? Veo las mismas caras a mi alrededor.
-- No hemos estado más de cinco segundos. Lo que ha durado nuestro beso.
-- ¿Cinco segundos? ¡Pero si me ha parecido una eternidad!
-- Ya ves, Fredy. El tiempo difiere entre el otro mundo y el nuestro. Hay otros mundos, Fredy. El tiempo es un concepto diferente según donde estés. ¿Has leído a Einstein? Eso te ayudaría.
-- Estoy confuso, Luci. Lo único que te puedo decir es que tu beso y tu compañía han sido maravillosos.
¡Ajá1 Pues imagina lo que será cuando me poseas por completo...
-- ¡Oh Luci! Me vuelves loco. Por ti haría lo imposible.
-- ¿De veras? Pues he aquí que te vuelvo a pedir lo que ya hice unos meses atrás.
-- Sí, Luci, sí. Ya lo sé. Volveré a intentarlo de nuevo. Te juro que lo conseguiré.
-- No vuelvas a decir "Juro". Jurar significa poner a Dios por testigo. Comprenderás que no es apropiado en nuestro caso.
-- Pues ¿qué digo, Luci? Tal vez debería decir "Lo satanizo".
-- ¡Ja, ja, ja! Resulta gracioso. Pero bastará que me lo prometas.
-- Pues te lo prometo, Luci. Agudizaré mi ingenio y lograré ofrecerte algo que te satisfaga.
Tras aquella conversación, Fredy se puso manos a la obra. Dudaba acerca de tomar alguna de las opciones en las que pensaba.
Una de ellas era establecerse en Gibraltar, minúscula ciudad donde la delincuencia de alto rango estaba permitida y aun protegida por su Gobierno. Pero para delinquir desde Gibraltar había que hacerlo con "clientes" de fuera. La pequeña población no era precisamente New York.
Así que de momento pensaría en algo más sencillo. ¡Ya lo tenía! Sí, sería estupendo. Pondría un anuncio en el periódico solicitando trabajadores para una empresa ficticia, y luego sufrirían terriblemente con el engaño . Hasta preveía algún que otro suicidio.
Al día siguiente de poner su petición en la prensa local, llovieron las llamadas en el teléfono de Fredy. Como aquello debía tener un aspecto de realidad, Fredy dialogaba con los aspirantes e inquiría detalles sobre sus conocimientos y experiencia. A los que "seleccionaba" les pedía que enviasen sus currículos a un aparatado de correos. Al tercer día retiró su anuncio. Ya tenía bastante.
Naturalmente, había dado un plazo de varias semanas para "estudiar" cada expediente y así crear una atmósfera tensa y anhelante.
Pasaron tres semanas. Las llamadas de los aspirantes al empleo eran constantes. Fredy se regodeaba y soñaba con el momento de decírselo a Luci. Pero un día, una de las llamadas le cogió por sorpresa.
-- Buenos días. Soy Inspector del Ministerio de Trabajo. Tengo entendido que usted ha recogido numerosos currículos para una supuesta empresa que, por lo que hemos descubierto, no existe. Le exijo que nos entregue esa documentación.
-- ¿Que no existe la empresa? ¿Cómo lo han descubierto? ¿Y para qué quieren esos papeles?
-- Lo descubrí yo, que para eso soy Inspector del Ministerio. En cuanto a exigirle esa documentación, se debe a que una empresa franco-alemana se va a establecer en nuestra ciudad. Y creo que el perfil reflejado en su anuncio coincide con lo que la fábrica extranjera exige.
Fredy no tuvo más remedio que entregar lo pedido por el Inspector. Para su sorpresa, los 67 aspirantes cuyos currículos habían llegado a sus manos encontraron trabajo en aquella nueva industria.
Fredy estaba hundido y decidió no contárselo a Luci. Pero lo más desmoralizante fue el encuentro en un bar con una docena de aquellos trabajadores que lo reconocieron y le invitaron a tomar todo lo que quisiera.
-- ¿Qué va a ser , señor? Le preguntó el camarero.
-- ¡Azufre! ¡Azufre con ceniza!
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